Rota

(¡Victoria !)

Estoy rota,
Como la inmensa montaña que a la distancia
Rota por la mitad
Ofrenda sus entrañas para que enmarquen la majestuosa cascada
Conduciéndola a la tierra que rota también… la recibe en lo profundo.

Estoy rota,
Como la luna que, imperfecta, desafía a los mortales con sus cráteres
Orgullosa de sus abismos, fracturas que la bautizan misteriosa
Eternizándola inexplorada y provocadora.

Estoy rota,
Como el árbol que, convertido en leña
Yace rendido sobre el páramo
Antes ofreciendo su sombra
Ahora disfrazado en fragmentos se dejarán consumir
Entregados al fuego que todo lo transforma
En danzante metamorfosis fuente de calor y abrigo.

Si… estoy rota, y transfigurada

Soy montaña
Cascada
Luna llena o vacía… inescrutable, cíclica y codiciada

¡Estoy rota!
Y soy yo, más que nunca
No necesito que nadie me repare … estoy bien
Estoy rota … no incompleta.
Fragmentada, receptiva y expandida
Roble sombra, trozos que darán vida al fuego
Madre y padre… origen de la evolución
primera antorcha de esta revolución.

Paloma Domitsú / Martha Yolanda Vargas Caballero

Agosto 2020

La victoria Alada (Imagen que ilustra el poema)

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/victoria-samotracia-icono-grecia-clasica_9389/4

la Victoria de Samotracia ha fascinado a artistas y literatos como una de las más espectaculares y acabadas muestras del arte helenístico. Representa a Niké, la diosa de la victoria, posándose sobre la proa de una nave con tan meditado equilibrio que el mármol parece elevarse a los cielos. El poeta Rainer Maria Rilke vio en esta composición «una imperecedera recreación del viento griego en lo que tiene de vasto y de grandioso».

Es admirable la maestría con la que se sugiere el movimiento en el sinuoso equilibrio de la figura. Pero no menos fascinante resulta el modo en que, a partir de los fragmentos descubiertos en 1863 en una isla del Egeo, los expertos lograron recomponer la majestuosa estatua para exponerla en el Museo del Louvre.

En 1875, arqueólogos austríacos descubrieron grandes bloques de mármol gris de la cantera de Lartos, en la isla de Rodas, que, correctamente ensamblados, representaban la proa de un barco de guerra. Rápidamente asociaron estos bloques con algunas monedas helenísticas en las que la Victoria aparecía representada de pie sobre la proa de un navío. Sin duda esos bloques pertenecían a la base de la estatua. Cuando Champoiseau recibió la noticia, hizo las gestiones necesarias para trasladar los bloques de mármol a París. Incluso años después, en 1891, ya miembro consagrado del Instituto de Francia, Champoiseau regresó a Samotracia al mando de una expedición arqueológica con la esperanza de hallar las piezas que faltaban y la ansiada cabeza, que, sin embargo, nunca logró encontrar.

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