
Devoró la biblia, pudiendo devorarse a Nietzsche
Devoraba penas, para crear regocijos
Daba respuesta, consuelo… queriendo engullir la calma.
Piadosa para curarte, dilapidaría tu llanto… engalanaría los duelos.

Devoró la biblia, pudiendo devorarse a Nietzsche
Devoraba penas, para crear regocijos
Daba respuesta, consuelo… queriendo engullir la calma.
Piadosa para curarte, dilapidaría tu llanto… engalanaría los duelos.

Todos tenemos miedo
Y un dolor profundo en la garganta
El que lo oculta y el que lo canta
El que lo dice y el que lo calla
Todos tememos a lo mismo
Pretendiendo estar esperanzados
Asomados de pronto en este abismo
Temiendo perder nuestro alimento

En el lado izquierdo, opuesta a la luz
Ahí yace su esplendor
Se revela orgullosa de su profana felicidad melancólica
Tan mal nombrada, como inexplorada y temida
Sin embargo deseada, incluso en estos constantes lúgubres amaneceres.

Por ahora invocaré a Cleopatra, ya no al Mesías.
No te preocupes por mi…
Seguiré aquí vigilando de cerca tu palpitar constante y paciente.
Eres mi hogar
Mas hoy tengo que cambiar las faldas danzantes
Que cubrieron mi soledad
Por las pieles que me esconden y protegen del frio que seductor, sobre mi ser se desliza.

Se murió la madre, y murió la hermana, también murió la hija.
Se murió la esposa… la compañera.
Murió la guerrera, murió la víctima. También sucumbió la mujer que buscaba venganza.
Falleció en el mismo instante la bondadosa y la maléfica.
Murió la bruja de letras, aromas, pócimas y tejidos: estambres y pistilos. Sucedió en aquella madrugada inimaginable bañada en llantos descendientes de distintas realidades.
Aquella agraciada mujer, nos dejó su perene ausencia y también el espejismo que había creado de sí misma, se desvaneció la beata y junto con la atea.
Dejamos de escuchar sus cantos, se esfumó en sonidos que aún tienen ecos poderosos que era imposible anticipar, un desperdicio de sabiduría tratar de adivinar.
Todo y más ocurrió en aquel instante en el que ella … murió mil veces, en la intransferible experiencia de los miles que de distintas e indescriptibles maneras compartimos su andar.
Martha Yolanda Vargas Caballero / Paloma Domitsú
Agosto 2020
(¡Victoria !)

Estoy rota,
Como la inmensa montaña que a la distancia
Rota por la mitad
Ofrenda sus entrañas para que enmarquen la majestuosa cascada
Conduciéndola a la tierra que rota también… la recibe en lo profundo.

Así la vi:
Vivencial e inconforme
desafiante de sí misma
cantando los himnos prohibidos y tan anhelados
descubriéndose por enésima vez y como si fuera la primera.
Inventando nuevas reglas prohibidas
que la sigan rescatando de todos los demonios que la quieren embobar.

¡Nunca voy a amar igual!
porque hiere y me vacía
me deforma y deshabita.
Y aunque amarte sea mi vida
reconozco que me omite
me desarma y me restringe.
Fragmentos

Estoy hecha de fragmentos
Fragmentos deseosos de ser una sola cosa, asidos sensible y dolorosamente
Queriendo revivir esa sensación de unidad eterna que antecede a la razón y conciencia
Soy un montón de gotas evaporadas, en lo alto del firmamento
Queriendo evadir la inmensa nube blanca que todo lo alimenta

Desde el día que me parieron
me cantaron trece brujas
que de otro mundo vinieron
a tatuar mi piel con rezos
a consagrar mi vivir
Lo recuerdo como en sueños…