CENTRISMOS

centrismos

PRIMERA PARTE
Mezclamos lo que sea… si quieres
Le llamamos comida
Abre la boca, no abras la mente
Di lo que sea…
Le llamaremos poesía

Vende tu tiempo y tu historia
Le llamaremos progreso
Borra las dudas de la memoria
Le llamaremos proceso

¡Avanza!
avanza hacia ningún sitio
tus pasos son lo que importa
vestidos con ruido y gloria
tu meta no es un motivo

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Torrentes

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De todas las palabras circulando en un torrente constante en esta mente que no para, se me desbordan estas, sin sentido en esta dimensión que compartimos, esperan atraer tu atención…. Esperan seguir descubriendo esos abismos, esos valles, esas cimas. Siento que si hablaran sólo para mí, se quedarían inquietas en donde nacen, no exigirían salir a conocerte.
Urgen, buscan salir, gritar, expresar, ser escuchadas… como las tuyas, yo no he podido llegar a tu puerta a escuchar las tuyas y a entregarme a ti. Quisiera, de verdad quisiera verte a los ojos y poder decirte todo esto, cara a cara como antes.
Pero son tantas las cosas que suceden entre tu y yo. Me pregunto ¿Dónde estás? Cuales son las palabras que circulan en tu torrente continuo, ese que tal vez nunca llegará a mí, aunque yo lo deseara, aunque anhelo leerte, entenderte, tenerte, abrazarte… para saber si tu serías capaz de tenerme y entenderme. A veces siento, que, aunque no somos capaces de oírnos, de entendernos y mucho menos de tenernos… esa es nuestra lucha constante, nuestra búsqueda infructífera que nos hace dolernos unos a otros, que nos une y a la vez nos hace amar. Para eso abrimos estas puertas de energía que aparece que nos unen y que … también nos separan.
¿Dónde estás? ¿Me escuchas?

LA VENTANA

LA VENTANA

 

Entonces la vi… vi a la niña que lloraba, que gritaba y que dolía; la vi de rodillas en el sillón con sus brazos recargados en el respaldo, mirando hacia la ventana. Observando las luces de la ciudad, contemplando las luces de sus pasiones.

Y se veía llorando, gimiendo, doliendo, cambiando.

La tomé entre mis manos ¡y la perdoné!… y dejé que me perdonara, sólo porqué ella lo necesitaba. En realidad, no había nada que perdonar.

Salió corriendo y jugó con las amigas que nunca antes tuvo. Usó los moños y los vestidos que nunca usó antes, y en medio de mil risas se desnudó completa, se desnudó de todo y se dio cuenta que era hermosa. Se miró al espejo y supo que era verdad, que su cuerpo era ya el de una mujer.

Y se tocó, y se volvió a llorar, a correr, a doler. Pero esta vez era más real lo que percibía de ella misma. Se alejaba y se acercaba de las versiones de la realidad que le obligaron a vivir. Se acercaba cada vez más a las visiones de lo que ella anhelaba vivir.

Y nuevamente en esa ventana, con el alma abierta y las luces de su realidad parpadeando, se arrojaba a ese abismo y se permitía vivir.

Perdonaba, olvidaba, lloraba, gritaba y dolía, pero ahora volando, soñando, soltando.

La vi en esa misma ventana, con su melena imprudente y sus dientes rebeldes. Con sus sueños insistentes, con sus espejismos consientes, su altanería y su miedo. La volví a tomar entre mis manos. Era tan mía. La miré directamente a los ojos y me lancé al abismo al que ella se arroja para vivir.

Supe que siempre estaría ahí, en mí… llorando, doliendo, gritando, corriendo, amando, volando, soñando, soltando. Descubriéndose a través del cristal de aquella enorme ventana donde seduce a las luces de la ciudad.

Paloma Domitsú
En honor a todas las mujeres que se atreven a ser 🙏🏻🌺💃