Concupiscencia

Concupicencia
Pasión y deseo, deberían… por amor no existir en esta alma. Pasión y deseo desmedidos, desorientados, que hacen que las bocas rumoren de mi
concupiscencia.

Tantos sentimientos incontrolables, impertinentes, dominantes, que se apoderan de mi alma, y la seducen hasta hacerla caer suplicante a tus pies. Tanta ira incontenible que reclama la verdad que aún no le ha sido saldada, y se desborda sin compasión ante cualquier mirada sin conciencia de esta deuda, ira que se externa sin contemplación al daño que pueda causar.

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Desde mi sitio

Desde mi sitio

Desde esta inmediatez de palabra que se me desliza de los añejos pensamientos prohibidos hasta el corazón para luego erizar mi piel.

En esta claridad que me regala el violonchelo entregándose grandioso desde su soledad.

Con mi engreído desprecio a las frases placebo con las que irresponsablemente suelen automedicarse los prosaicos, y que aun alcanzo a escuchar… en el fondo… detrás de mi violonchelo, intentando irreverentes acallar el discurso entre las complejas entidades que se manifiestan, irreverentes y necias, en las distintas profundidades de mi conciencia.

Desde este sótano personal de seguridades que escarbé anteayer, para escribir mis presagios egocéntricos, para ocultarme mientras va saliendo la basura de cualquier lugar, menos de mí, te lo aseguro.

Desde este excitante sentimiento en el que claramente veo como mi cambio de piel inevitablemente va desprendiendo los disfraces.

En este orgasmo de letras que me desborda con una claridad que aún no compartiré.

Desde todas mis cualidades volitivas y con un aire de desobediencia, en la guarida en la que alimento a la, todavía débil fiera que mañana dejaré en libertad.

Desde este territorio que independicé en mi última sangrienta batalla derrocando los preceptos del Summis desiderantes.

Desde todos esos lugares
Te doy la bienvenida

Cuentos Mexicanos
Septiembre 2019
Martha Vargas / Paloma Domitsú

Solicito una ampliación de mi juventud

Solicito

Me dice mi amiga: “Ya estamos muy viejas”
Yo veo mis manos y sé que ella acierta…
¡Lo digo consciente! mirando mis pies, luego mis caderas…
Sintiendo mis muslos, palpando mis piernas
Tocando mi pelo, viendo que se quiebra
Sintiendo mis senos que se desvanecen
Observo mis glúteos, también mis ojeras
Las líneas marcadas por todo mi rostro
Mis ideas necias.

Insiste mi amiga: “¡Que estamos muy viejas!”
Qué a nuestros cuarentas muchas de las puertas
que esperas abiertas…
Ya no encontrarías ni siquiera a tientas
Sólo con engaños podrás deslizarte
Sin que nadie vea que intentas filtrarte.

Qué se van las horas junto con los hombres
que huyen buscando a otras más frescas
Y qué las ideas, las irreverencias
A nuestras edades ya no son usuales ¡porque estamos viejas!

Qué apure este clímax de últimos veranos
Pues el sol se pone, ¡ya parten las naves!
De las ilusiones, la luz de las pieles
Del sexo las mieles y todos los dones.

Porque nuestro cuerpo sabio se prepara
para consumirse desde sus entrañas…

Le digo a mi amiga: “¿Y qué puedo hacer?”

!Si recién empiezo a entenderlo todo¡
Pues en base a errores aprendí la vida
Y a quien corresponda… le vengo a pedir
Que esta juventud me sea extendida…

¡Solo por un tiempo en lo que estoy lista!
Para comprender que ya estoy viejita.

Por ahora quiero empezar de nuevo a buscar en mi
El placer y el miedo sin querer huir
Defender lo que amo… ¡pero hablo de mí!

Emprendiendo el vuelo… marcharme de aquí
Empezar de cero… y tal vez parir
Contemplar el cielo haciendo el amor
Implorar en rezos sin creer en dios

Buscar la abundancia, salud y placer
Bailando en la ducha, cantando en un tren
Y reivindicarme sólo por vivir
Intentarlo todo y creer en mi.

Con un cuerpo fuerte de diosa… o demonia
Sabiendo que el mundo es mío y no más
Qué lo puedo todo, sin temerle a nada
Qué soy lo más bello que voy a encontrar.

Y bailar… beber… comer y correr…
hasta el fin del mundo para comprender
¡Creyendo en mi magia sin envejecer!

¿Crees que es posible?“, le pregunto yo.
Me dice mi amiga: “Eso no lo sé”
Y mientras soñamos que somos perennes
Bailando y bebiendo este dulce elixir
Compartiendo risas hasta amanecer.

Martha Vargas / Paloma Domitsú
Poesia Mexicana
Julio 2019

Fantasmas

fantasmas 2
¿Acaso me hablas de esos seres que se aparecen momentáneamente y se desvanecen sin dejar rastro?

Yo también los he sentido, recientemente… los míos y los tuyos. Tiempo… mucho tiempo hace que me siguen y me lengüetean.

Ayer me preguntaste, pero realmente no logro encontrar la respuesta que tú buscas en su presencia; pero ¿sabes?… tampoco en su ausencia. Ni en la mesa redonda con las manos unidas y las velas negras al centro. Ni siquiera en el ecce crucem domini fugite partes adversae del último exorcismo.

Tu y yo estamos locos y creemos ver fantasmas, estafas de espejismos que vienen a ofrecer más misterios que respuestas. Aun así, nos gusta invocarlos, preferimos enfrentarlos y los buscamos en rincones, en el viejo mundo y en el nuevo, en el norte y en el sur, en los áticos y en los sótanos, en los panteones, en los vagones de tren que tampoco existen ya.

La gente de hoy ya no lo hace, prefieren ignorarlo todo.

Tú crees que son fantasmas, yo siempre contemplo traidores, ¡alguien más los verá tan normal! O inferiores. Sin cuestionar más allá, porque los seres de este mundo no quieren ver otros mundos, y son tal cual como fantasmas… una finísima capa de nada, que te intenta deslumbrar, asustar… devorar la luz por no tener la propia.

Te lo digo otra vez, yo creo que lo que buscas no está en los fantasmas, ni en las cartas que no llegan, ni en el dinero suplicado, ni en el tiempo perdido. Todo es tan vano, un sin sentido, comparado con los destellos de la telaraña magistral de energía de la que mamamos, inconscientes, la vida misma. Telaraña que se alimenta también de ti… y de tus fantasmas.

Martha Vargas / Paloma Domitsú
2019

Decidir Amanecer

Amanecer
Este amanecer me envuelve y me descubre
Desafiante, imprecisamente rojo
Contundente… poderoso
Con el sonido del mar en el fondo
Los pájaros despertando
Obedeciendo al instinto… ¡y no más!
Al color de este llamado.

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La Diosa atea

DIOSA ATEA

Me engañó la mujer que veo reflejada en el ventanal. Le robó a la niña, pero eso hoy, quedará enterrado para ser abono.

Escribo sobre cualquier papel. Revelándome contra mis creencias, dispuesta a cambiar la historia que me he contado las últimas cincuenta mil horas.
Vengo a recuperar mi sueño sincero y profundo, destapando el frasco para que no se mueran las ideas.

Y lo hago revelándome contra mis creencias, y contra las que existen acerca de mi ser. Sin importarme si alguien lo va a entender o no. Ya me cansé de eso
Había que poner un alto, dejar de pensar por y como los demás. Y ese día ha llegado.

Desprendiéndome sin importar cuanto pudiera doler crecer mutar.

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Desconfianza

desconfianza

Cuando no eres magia, ¡eres un dolor tan profundo!

Veo el oasis desdibujarse, ¿era un espejismo? Tengo la sensación de haber estado ahí, bebiendo de su agua, disfrutando su sombra. Me aferro con estas palabras a la promesa de eternidad que me regalaste envuelta en sudor y piel, en almas profundas que ágilmente hoy se han escapado adheridas a las farsas de los periódicos.

Sigo creando mundos misteriosos para escaparme de las realidades que duelen, que asustan, incomprensibles, huyendo cobardemente del sin sentido.
¿Sabes? Han venido a buscarme aquí… si, entre los laberintos de metáforas a los que escapo infatigablemente.

Realmente, no tengo la certeza de entender quien realmente quiere estar aquí y eso me asusta, tratar de explicar esta sensación profunda de saber que sé lo que sé desde antes de que fuera.

Ya no sé si quiero asumirme como creadora de esta realidad que me han dicho sostengo, haciéndome responsable de todo lo percibido, o prefiero seguir inventando estos cuentos que sustituyen a Dios.

Quiero encontrar una manera de regresar a la inocencia que hace crear, que me haga creer, encontrar el camino.

Quizás este momento que se avecina, sea el destino ineludible de la muerte que todos tenemos inscrito en nuestra frente y que, por eso, sólo somos capaces de ver en los demás… nunca en nosotros.

Por más pétalos de rosas que dejemos secando en un absurdo intento de eternizarlos… terminarán siendo polvo, o nada, como cada mínima escena de nuestra existencia. Sin embargo, yo los cuido devotamente cada día poniéndolos al sol, simplemente… porque son bellos, seguramente mi muestra de desconfianza.

Paloma Domitsú (Martha Vargas)
Anécdota Mexicana
2019

Imagen Propia.